Conocido como el poeta del son, de la sonoridad, del ritmo, de la cadencia, muchos de sus versos fueron musicalizados. Al poema La Muralla le puso notas musicales el grupo chileno Quilapayún y le pusieron voz muchos intérpretes: desde la propia banda chilena de música folclórica a los cantantes españoles Ana Belén y Víctor Manuel.
DESCRIPCIÓN
Tomado de La paloma de vuelo popular, en Obra poética 1920-1972, La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1972. Nicolás Guillén.
El cubano Nicolás Guillén (1902-1989) es el gran poeta del mestizaje, de la mezcla de culturas diversas que sienten y se expresan en español. En el caso de Guillén, periodista, activista político y poeta, desde el negrismo, un movimiento cultural y literario que hace ahora un siglo reivindicaba en varios países de las Antillas la idiosincrasia de la sociedad negra, luego llamada afroamericana, movimiento muy conectado a otros similares de Estados Unidos, especialmente en Harlem (Nueva York).
Los suyos son poemas sencillos, directos, bellísimos en lo simple. En este, esa dicotomía que recorre todos los versos contraponiendo el bien (la rosa, el clavel, la paloma, el laurel, el corazón del amigo, el mirto y la yerbabuena, el ruiseñor en la flor…) y el mal (el sable del coronel, el alacrán y el ciempiés, el veneno y el puñal, el diente de la serpiente…), y esa apelación a la igualdad, también constante en su obra, entre los blancos y los negros.
Guillén se consagró con una obra publicada en 1931, Sóngoro cosongo, su primer gran legado de lo afrocubano. En 1937 viaja a España, en plena guerra civil, y se relaciona con Antonio Machado, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Manuel Altolaguirre, Octavio Paz, César Vallejo, León Felipe, Rafael Alberti…, y le dieron a su obra un tono de por vida aún más social.
